Cicatrices que no se ven/ heridas emocionales

 

                                                       


Cuando nos hacemos una herida en el cuerpo, este mismo tiene mecanismos de defensa y reparación que ponen en marcha un proceso para que la herida vaya sanando.

Algunas heridas son tan profundas que dejan cicatrices. Y aunque con el paso del tiempo ya no duelan, cuando las miramos podemos recordar cómo nos las hicimos y por qué esa marca está allí.

De igual manera, existen heridas emocionales. La neurociencia ha encontrado que el dolor emocional y el dolor físico pueden compartir algunos mecanismos y áreas cerebrales relacionadas con la experiencia del dolor. Por eso, el sufrimiento emocional no es poca cosa y no debería ser minimizado.

Sin embargo, culturalmente muchas veces se nos ha enseñado a ocultar lo que sentimos. Esto puede ser especialmente difícil para los hombres, debido a ciertos patrones culturales y de una sociedad machista que, desde la infancia, puede transmitir mensajes como: “los hombres no lloran”, como si expresar tristeza, miedo o dolor fuera una señal de debilidad.

En Uruguay también existe una preocupación importante por la salud mental y por las altas tasas de suicidio. Esto nos debería llevar, como sociedad, a reflexionar sobre la importancia de hablar de lo que sentimos, pedir ayuda cuando la necesitamos y acompañar a quienes están atravesando momentos difíciles.

El dolor emocional no se debe minimizar. Se debe escuchar, respetar y atender.

Entonces, podemos decir que, cuando hablamos de una cicatriz emocional, a causa de una herida emocional, podemos pensar en ese momento en el que una persona ha atravesado una situación dolorosa, ha podido reconocer lo que vivió y, con el tiempo, ha logrado aprender, crecer y seguir adelante.

Hablemos un poquito entonces, qué significa sanar emocionalmente.

Sanar significa poder mirar aquello que vivimos desde un lugar diferente. Significa reconocer que, a pesar del dolor, hoy somos quienes somos también gracias a lo que hemos aprendido y superado.

La cicatriz puede recordarte lo que viviste, pero también puede recordarte lo valiente que has sido para continuar.

Nada de lo que has vivido tiene por qué ser en vano. Y si todavía sientes que tu herida no ha cicatrizado, no pierdas la esperanza. Con voluntad, las herramientas adecuadas y el apoyo necesario, es posible avanzar hacia la sanación.


Te deseo el mejor de los éxitos, bendiciones.

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